sábado, 1 de agosto de 2020

NOVENA A LA SANTÍSIMA VIRGEN DE FÁTIMA


P. Gregorio Martínez de Antoñana  C.M.F.

 

Oraciones para todos los días

 

Ofrecimiento

 

¡Oh Dios mío! Yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman.

 

¡Oh Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo! Yo os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo cuerpo, sangre, alma y divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del mundo, en reparación de los ultrajes con que Él es ofendido; y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón e intercesión del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pecadores.

 

Oración preparatoria

 

Oh Santísima Virgen María, Reina del Rosario y Madre de misericordia, que te dignaste manifestar en Fátima la ternura de vuestro Inmaculado Corazón trayéndonos mensajes de salvación y de paz. Confiados en vuestra misericordia maternal y agradecidos a las bondades de vuestro amantísimo Corazón, venimos a vuestras plantas para rendiros el tributo de nuestra veneración y amor. Concédenos las gracias que necesitamos para cumplir fielmente vuestro mensaje de amor, y la que os pedimos en esta Novena, si ha de ser para mayor gloria de Dios, honra vuestra y provecho de nuestras almas. Así sea.

 

(Leer aquí la meditación del día correspondiente

y luego rezar la oración que sigue)

 

Oración final

 

¡Oh Dios, cuyo Unigénito, con su vida, muerte y resurrección, nos mereció el premio de la salvación eterna! Os suplicamos nos concedas que, meditando los misterios del Santísimo Rosario de la bienaventurada Virgen María, imitemos los ejemplos que nos enseñan y alcancemos el premio que prometen. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

 

 

 

Meditación para cada día

 

Primer día: Penitencia y reparación

 

¡Oh Santísima Virgen María, Madre de los pobres pecadores!, que apareciendo en Fátima, dejaste transparentar en vuestro rostro celestial una leve sombra de tristeza para indicar el dolor que os causan los pecados de los hombres y que con maternal compasión exhortaste a no afligir más a vuestro Hijo con la culpa y a reparar los pecados con la mortificación y la penitencia. Dadnos la gracia de un sincero dolor de los pecados cometidos y la resolución generosa de reparar con obras de penitencia y mortificación todas las ofensas que se infieren a vuestro Divino Hijo y a vuestro Corazón Inmaculado.

 

Segundo día: Santidad de vida

 

¡Oh Santísima Virgen María, Madre de la divina gracia!, que vestida de nívea blancura te apareciste a unos pastorcitos sencillos e inocentes, enseñándonos así cuánto debemos amar y procurar la inocencia del alma, y que pediste por medio de ellos la enmienda de las costumbres y la santidad de una vida cristiana perfecta. Concédenos misericordiosamente la gracia de saber apreciar la dignidad de nuestra condición de cristianos y de llevar una vida en todo conforme a las promesas bautismales.

 

Tercer día: Amor a la oración

 

¡Oh Santísima Virgen María, vaso insigne de devoción!, que te apareciste en Fátima teniendo pendiente de vuestras manos el Santo Rosario, y que insistentemente repetías: «Orad, orad mucho», para alejar por medio de la oración los males que nos amenazan. Concédenos el don y el espíritu de oración, la gracia de ser fieles en el cumplimiento del gran precepto de orar, haciéndolo todos los días, para así poder observar bien los santos mandamientos, vencer las tentaciones y llegar al conocimiento y amor de Jesucristo en esta vida y a la unión feliz con Él en la otra.

 

Cuarto día: Amor a la Iglesia

 

¡Oh Santísima Virgen María, Reina de la Iglesia!, que exhortaste a los pastorcitos de Fátima a rogar por el Papa, e infundiste en sus almas sencillas una gran veneración y amor hacia él, como Vicario de vuestro Hijo y su representante en la tierra. Infunde también a nosotros el espíritu de veneración y docilidad hacia la autoridad del Romano Pontífice, de adhesión inquebrantable a sus enseñanzas, y en él y con él un gran amor y respeto a todos los ministros de la Santa Iglesia, por medio de los cuales participamos la vida de la gracia en los sacramentos.

 

Quinto día: María, salud de los enfermos

 

¡Oh Santísima Virgen María, salud de los enfermos y consoladora de los afligidos!, que movida por el ruego de los pastorcitos, obraste ya curaciones en vuestras apariciones en Fátima, y habéis convertido este lugar, santificado por vuestra presencia, en oficina de vuestras misericordias maternales en favor de todos los afligidos. A vuestro Corazón maternal acudimos llenos de filial confianza, mostrando las enfermedades de nuestras almas y las aflicciones y dolencias todas de nuestra vida. Echad sobre ellas una mirada de compasión y remediadlas con la ternura de vuestras manos, para que así podamos serviros y amaros con todo nuestro corazón y con todo nuestro ser.

 

Sexto día: María, refugio de los pecadores

 

¡Oh Santísima Virgen María, refugio de los pecadores!, que enseñaste a los pastorcitos de Fátima a rogar incesantemente al Señor para que esos desgraciados no caigan en las penas eternas del infierno, y que manifestaste a uno de los tres que los pecados de la carne son los que más almas arrastran a aquellas terribles llamas. Infundid en nuestras almas un gran horror al pecado y el temor santo de la justicia divina, y al mismo tiempo despertad en ellas la compasión por la suerte de los pobres pecadores y un santo celo para trabajar con nuestras oraciones, ejemplos y palabras por su conversión.

 

Sétimo día: María, alivio de las almas del purgatorio

 

¡Oh Santísima Virgen María, Reina del purgatorio!, que enseñaste a los pastorcitos de Fátima a rogar a Dios por las almas del purgatorio, especialmente por las más abandonadas. Encomendamos a la inagotable ternura de vuestro maternal Corazón todas las almas que padecen en aquel lugar de purificación, en particular las de todos nuestros allegados y familiares y las más abandonadas y necesitadas; alíviales sus penas y llévalas pronto a la región de la luz y de la paz, para cantar allí perpetuamente vuestras misericordias.

 

Octavo día: María, Reina del Rosario

 

¡Oh Santísima Virgen María, que en vuestra última aparición te diste a conocer como la Reina del Santísimo Rosario!, y en todas ellas recomendaste el rezo de esta devoción como el remedio más seguro y eficaz para todos los males y calamidades que nos afligen, tanto del alma como del cuerpo, así públicas como privadas. Infundid en nuestras almas una profunda estima de los misterios de nuestra Redención que se conmemoran en el rezo del Rosario, para así vivir siempre de sus frutos. Concédenos la gracia de ser siempre fieles a la práctica de rezarlo diariamente para honraros a Vos, acompañando vuestros gozos, dolores y glorias, y así merecer vuestra maternal protección y asistencia en todos los momentos de la vida, pero especialmente en la hora de la muerte.

 

Noveno y último día: El Inmaculado Corazón de María

 

¡Oh Santísima Virgen María, Madre nuestra dulcísima!, que escogiste a los pastorcitos de Fátima para mostrar al mundo las ternuras de vuestro Corazón misericordioso, y les propusiste la devoción al mismo como el medio con el cual Dios quiere dar la paz al mundo, como el camino para llevar las almas a Dios, y como una prenda suprema de salvación. Haced, ¡oh Corazón de la más tierna de las madres!, que sepamos comprender vuestro mensaje de amor y de misericordia, que lo abracemos con filial adhesión y que lo practiquemos siempre con fervor; y así sea vuestro Corazón nuestro refugio, nuestro consuelo y el camino que nos conduzca al amor y a la unión con vuestro Hijo Jesús


viernes, 31 de julio de 2020

LETANÍAS DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA



Señor, ten piedad de nosotros.

R/. Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.
R/. Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
R/. Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
R/. Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
R/. Cristo, escúchanos.

Dios Padre celestial, R/. ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo,
Dios Espíritu Santo,
Trinidad Santa, un solo Dios,

Corazón de María, siempre inmaculado,  R/. ruega por nosotros.
Corazón de María, lleno de gracia,
Corazón de María, bendito entre todos los corazones,
Corazón de María, sagrario de la Santísima Trinidad,
Corazón de María, el más semejante al de Jesús,
Corazón de María, en quien tuvo Jesús sus complacencias,
Corazón de María, abismo de humildad,
Corazón de María, modelo de paciencia, y mansedumbre,
Corazón de María, asiento de la misericordia,
Corazón de María, incendio del divino amor,
Corazón de María, océano de bondad,
Corazón de María, milagro de pureza e inocencia,
Corazón de María, espejo de las Divinas perfecciones,
Corazón de María, donde se formó la sangre de Jesucristo Redentor,
Corazón de María, que aceleras con tus ansias la salvación del mundo,
Corazón de María, que alcanzas la conversión de los pecadores,
Corazón de María, que conservas fielmente las palabras y acciones de Jesús,
Corazón de María, traspasado con la espada de dolor,
Corazón de María, afligidísimo en la Pasión de Jesucristo,
Corazón de María, clavado con Jesús en la cruz,
Corazón de María, sepultado de tristeza con Jesucristo,
Corazón de María, renacido de gozo por la resurección de Jesús,
Corazón de María, lleno de inefable dulzura en la Ascensión,
Corazón de María, colmado de una nueva plenitud de gracias en la venida del Espíritu Santo,
Corazón de María, consolación de los afligidos,
Corazón de María, refugio de los justos y pecadores,
Corazón de María, esperanza y dulce sustentación de aquelos que Os veneran,
Corazón de María, auxilio de los moribundos,
Corazón de María, júbilo de los ángeles y santos,
Corazón de María, madre y amparo de la Iglesia,

V/. María Inmaculada, mansa y humilde de Corazón,
R/. Haz mi corazón conforme al de Jesús.
V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
R/. Perdónanos, Señor.
V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
R/. Escúchanos, Señor.
V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
R/. Ten misericordia de nosotros.

Oración: Clementísimo Dios, que para la salud de los pecadores y refugio de los miserables quisiste que fuera el Corazón Santísimo e Inmaculado de María el más semejante en caridad y misericordia al divino Corazón de su Hijo Jesucristo; concédenos que cuantos veneramos la memoria de este dulcísimo y amantísimo Corazón merezcamos por su intercesión y méritos ser hallados conformes con el de Jesús. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


 Heraldos en El Salvador,

LETANIA AL INMACULADO CORAZON DE MARIA



Señor, ten piedad de nosotros.

R/. Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

R/. Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

R/. Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.

R/. Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

R/. Cristo, escúchanos.

Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo,

Dios Espíritu Santo,

Trinidad Santa, un solo Dios,

Corazón de María, siempre inmaculado, ruega por nosotros.

Corazón de María, lleno de gracia,

Corazón de María, bendito entre todos los corazones,

Corazón de María, sagrario de la Santísima Trinidad,

Corazón de María, el más semejante al de Jesús,

Corazón de María, en quien tuvo Jesús sus complacencias,

Corazón de María, abismo de humildad,

Corazón de María, modelo de paciencia, y mansedumbre,

Corazón de María, asiento de la misericordia,

Corazón de María, incendio del divino amor,

Corazón de María, océano de bondad,

Corazón de María, milagro de pureza e inocencia,

Corazón de María, espejo de las civinas perfecciones,

Corazón de María, donde se formó la sangre de Jesucristo Redentor,

Corazón de María, que aceleras con tus ansias la salvación del mundo,

Corazón de María, que alcanzas la conversión de los pecadores,

Corazón de María, que conservas fielmente las palabras y acciones de Jesús,

Corazón de María, traspasado con la espada de dolor,

Corazón de María, afligidísimo en la Pasión de Jesucristo,

Corazón de María, clavado con Jesús en la cruz,

Corazón de María, sepultado de tristeza con Jesucristo,

Corazón de María, renacido de gozo por la resurección de Jesús,

Corazón de María, lleno de inefable dulzura en la Ascensión,

Corazón de María, colmado de una nueva plenitud de gracias en la venida del Espíritu Santo,

Corazón de María, consolación de los afligidos,

Corazón de María, refugio de los justos y pecadores,

Corazón de María, esperanza y dulce sustentación de aquelos que Os veneran,

Corazón de María, auxilio de los moribundos,

Corazón de María, júbilo de los ángeles y santos,

Corazón de María, madre y amparo de la Iglesia,

V/. María Inmaculada, mansa y humilde de Corazón,

R/. Haz mi corazón conforme al de Jesús.

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,

R/. Perdónanos, Señor.

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,

R/. Escúchanos, Señor.

V/. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,

R/. Ten misericordia de nosotros.

Oración. Clementísimo Dios, que para la salud de los pecadores y refugio de los miserables quisiste que fuera el Corazón Santísimo e Inmaculado de María el más semejante en caridad y misericordia al divino Corazón de su Hijo Jesucristo; concédenos que cuantos veneramos la memoria de este dulcísimo y amantísimo Corazón merezcamos por su intercesión y méritos ser hallados conformes con el de Jesús. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


MES DE AGOSTO EN HONOR DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA



En el calendario del usus antiquior del rito romano se celebra la festividad del Inmaculado Corazón de María el 22 de agosto, antigua octava de la Asunción, una de las fiestas más importantes en honor de la Santísima Virgen, como que fue la primera que se celebró en Oriente y en Occidente. Es por ello que tradicionalmente se ha dedicado este mes a honrtar con especiales homenajes a tan dulcísimo instrumento de la misericordia divina, a través del cual nos vienen muchas gracias y que ha sido dado, junto con el Sagrado Corazón de Jesús, como extremo remedio para nuestra salvación. Este Costumbrario, recogiendo la práctica tradicional, propone, pues, a sus amables lectores el Mes de Agosto como Mes del Inmaculado Corazón.

Esta devoción empezó a abrirse camino gracias a san Juan Eudes (1601-1680), el apóstol de los Sagrados Corazones en la Francia del Gran Siglo. Sin embargo, ya el Evangelio nos insinúa su importancia al repetirnos que “María guardaba en su corazón” los misterios que le tocó protagonizar. Recordemos también la profecía de Simeón, a la hora de la Presentación del Niño en el Templo: “una espada de dolor traspasará tu alma para que sean descubiertos los pensamientos de muchos corazones” (Luc. II, 35). Como el corazón era considerado el principio de vida y la sede del alma, siempre se ha visto en estas palabras la descripción del Corazón dolorido de María y el preanuncio de su personal Pasión unida a la de su Divino Hijo en oblación corredentora. Algunos Padres de la Iglesia aluden más o menos claramente al Corazón de María.

Esta devoción tomó grandes vuelos con un santo español: san Antonio María Claret (1807-1870), arzobispo que fue de Santiago de Cuba y confesor de la reina Isabel II, que fundó la congregación de los Misioneros del Inmaculado Corazón de María (llamados Padres Claretianos). He aquí sus palabras, que expresan la tierna devoción que profesaba a la Madre de Dios:

“Ni en mi vida personal, ni en mis andanzas misioneras podía olvidarme de la figura maternal de María. Ella es todo corazón y toda amor. Siempre la he visto como Madre del Hijo amado y esto la hace Madre mía, Madre de la Iglesia, Madre de todos. Mi relación con María siempre ha sido muy íntima y a la vez cercana y familiar, de gran confianza. Yo me siento formado y modelado en la fragua de su amor de Madre, de su Corazón lleno de ternura y amor. Por eso me siento un instrumento de su maternidad divina. Ella está siempre presente en mi vida y en mi predicación misionera. Para mí, María, su Corazón Inmaculado, ha sido siempre y es mi fuerza, mi guía, mi consuelo, mi modelo, mi Maestra, mi todo después de Jesús".

Pero el impulso decisivo del culto a este Corazón amabilísimo se dio en las apariciones de Nuestra Señora en Fátima (1917). Aquí la Santísima Virgen se presentó bajo la advocación de su Inmaculado Corazón, pidiendo la comunión reparadora de los cinco Primeros Sábados, paralela a la comunión reparadora de los Nueve Primeros Viernes en honor al Sagrado Corazón de Jesús. Esta devoción está muy vinculada al desarrollo de la Historia del siglo XX. De hecho, la Virgen en Fátima reveló que Rusia sería el azote del mundo mediante la expansión de sus errores (el comunismo, parece olvidarse, denunciado como “intrínsecamente perverso" por Pío XI, ha sido el sistema más mortífero que ha existido), pero vinculó su conversión a su consagración colegial por el Papa y por todos los obispos del mundo (cosa que sólo se ha realizado parcialmente). El Inmaculado Corazón de María se proyecta como la devoción salvadora en los Últimos Tiempos. De hecho, por ella vendrá el triunfo de los buenos: “Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará”. La Virgen se presenta así como la precursora de Cristo en su Parusía o Segunda Venida.

El papa Pío VII instituyó una fiesta en honor del Purísimo Corazón de María, la cual fue confirmada por el beato Pío IX. Pero fue Pío XII quien el 4 de mayo de 1944 la extendió oficialmente con el nombre del Corazón Inmaculado de María a la Iglesia universal por el papa Pío XII, el 4 de mayo de 1944, con el fin de obtener por medio de la intercesión de María "la paz entre las naciones, libertad para la Iglesia, la conversión de los pecadores, amor a la pureza y la práctica de las virtudes". Ordenó que se celebrara el día de la Octava de la Asunción. Con la reforma litúrgica postconciliar, la fecha se trasladó al sábado siguiente a la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.

PREPARACION PARA LA FIESTA DE LA ASUNCION ( PEQUEÑA CUARESMA EN EL RITO BIZANTINO)



Oh Protectora de los cristianos
indesairable, 
Mediadora ante el Creador,
irrechazable: 
no desprecies las súplicas
de nosotros, pecadores, 
sino acude a auxiliarnos, 
bondadosa, 
a los que te invocamos con fe.
Sé presta en intervenir y 
apresúrate con la súplica,
oh Madre de Dios, 
que siempre proteges a
los que te honran.

lunes, 6 de julio de 2020

LETANÍAS REPARADORAS AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA


¡Oh Madre nuestra dulcísima! Permite por piedad que nosotros tus devotos hijos, unidos en un solo pensamiento de veneración y amor, vengamos a reparar las horrendas ofensas que cometen contra Ti tantos desventurados que no conocen el paraíso de bondad y de misericordia de tu corazón maternal.

De la horribles ofensas que se cometen contra tu dulcísimo Jesús, te consolaremos oh María .
De la espada de dolor que hijos degenerados quieren nuevamente clavar en tu corazón maternal, te consolaremos oh María.
De las blasfemias nefandas que se vomitan contra tu purísimo y santísimo nombre, te consolaremos oh María.
De las infames negaciones que se hacen de tus privilegios y de tus glorias más excelsas, te consolaremos oh María.
De los insultos que los protestantes y otros herejes lanzan contra tu culto dulcísimo, te consolaremos oh María.
De las sacrílegas afrentas que los impíos cometen contra tus carísimas imágenes, te consolaremos oh María.
De las profanaciones que se cometen en tus santuarios, te consolaremos oh María.
De las ofensas contra la virtud angelical que en Ti se personifica, te consolaremos oh María.
De los ultrajes que se cometen con las modas perversas, contra la dignidad de la mujer, por Ti reivindicada y santificada, te consolaremos oh María.
De los horrendos delitos con que se aparta a los inocentes de tu seno maternal, te consolaremos oh María.
De las incomprensiones de tus derechos divinamente maternales, por parte de tantas madres, te consolaremos oh María.
De las ingratitudes de tantos hijos a tus gracias bellas, te consolaremos oh María.
De la frialdad de tantos corazones frente a tus ternuras maternales, te consolaremos oh María.
Del desprecio de tus invitaciones de amor, te consolaremos oh María.
De la cruel indiferencia de tantos corazones, te consolaremos oh María.
De tus lágrimas maternales, te consolaremos oh María.
De las angustias de tu dulcísimo corazón, te consolaremos, oh María.
De las agonías de tu alma santísima en tantos Calvarios, te consolaremos oh María.
De tus suspiros de amor, te consolaremos oh María.
Del martirio que te ocasiona la pérdida de tantas almas redimidas por la sangre de tu Jesús y por tus lágrimas, te consolaremos oh María.
De los horrendos atentados que se cometen contra tu Jesús, que vive en su Vicario y en sus sacerdotes, te consolaremos oh  María.
De la conjuración infernal contra la vida de tu Jesús en su Iglesia, te consolaremos oh María.
¡Oh Madre santa dulcísima, que en el heroísmo de tu amor maternal, al pie de la cruz, rogaste por aquellos crueles que martirizaban tan atrozmente a tu amado Hijo Jesús y desgarraban tu Corazón ternísimo! Ten piedad de todos los desventurados e indignos que te ofenden; haz que ellos también puedan ser acogidos en tu seno maternal, purificados por tus lágrimas benditas, y admitidos a gozar los frutos estupendos de tu maternal misericordia. Amén.

Jaculatoria: Santa María, líbranos de las penas del infierno. (preces 277).

domingo, 21 de junio de 2020

ORACION DE CONSAGRACION DE LAS FAMILIAS AL CORAZON INMACULADO DE MARIA



Oh Corazón Inmaculado de María, me consagro a ti y te consagro mi familia y hogar y todo cuanto en él hay, a tu Inmaculado Corazón. Te consagramos nuestro ser físico, psíquico, biológico y espiritual y todo lo que somos, tenemos y hacemos.

Protégenos madre querida con los rayos de luz que brotan de tu Corazón Inmaculado y escóndenos en tu regazo. No permitas dulcísima Madre, que ninguno de los que habitamos este hogar se pierda; dadnos tu paz y fortaleza en los momentos difíciles de nuestra prueba. Que nuestra fe en Dios y confianza en ti, oh dulcísima Madre, sea el pasaporte que nos lleve seguros a las puertas de la nueva Creación. Amén.

Ave María Purísima, sin pecado concebida María Santísima (3 veces).

NOVENA A LA SANTÍSIMA VIRGEN DE FÁTIMA

P. Gregorio Martínez de Antoñana   C.M.F.   Oraciones para todos los días   Ofrecimiento   ¡Oh Dios mío! Yo creo, adoro, esper...