P. Gregorio Martínez de Antoñana C.M.F.
Oraciones para todos los días
Ofrecimiento
¡Oh Dios mío! Yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido
perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman.
¡Oh Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo! Yo os
adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo cuerpo, sangre, alma y
divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del
mundo, en reparación de los ultrajes con que Él es ofendido; y por los méritos
infinitos de su Santísimo Corazón e intercesión del Inmaculado Corazón de
María, os pido la conversión de los pecadores.
Oración preparatoria
Oh Santísima Virgen María, Reina del Rosario y Madre de
misericordia, que te dignaste manifestar en Fátima la ternura de vuestro
Inmaculado Corazón trayéndonos mensajes de salvación y de paz. Confiados en
vuestra misericordia maternal y agradecidos a las bondades de vuestro
amantísimo Corazón, venimos a vuestras plantas para rendiros el tributo de
nuestra veneración y amor. Concédenos las gracias que necesitamos para cumplir
fielmente vuestro mensaje de amor, y la que os pedimos en esta Novena, si ha de
ser para mayor gloria de Dios, honra vuestra y provecho de nuestras almas. Así
sea.
(Leer aquí la meditación del día correspondiente
y luego rezar la oración que sigue)
Oración final
¡Oh Dios, cuyo Unigénito, con su vida, muerte y
resurrección, nos mereció el premio de la salvación eterna! Os suplicamos nos
concedas que, meditando los misterios del Santísimo Rosario de la bienaventurada
Virgen María, imitemos los ejemplos que nos enseñan y alcancemos el premio que
prometen. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Meditación para cada día
Primer día: Penitencia y reparación
¡Oh Santísima Virgen María, Madre de los pobres pecadores!,
que apareciendo en Fátima, dejaste transparentar en vuestro rostro celestial
una leve sombra de tristeza para indicar el dolor que os causan los pecados de
los hombres y que con maternal compasión exhortaste a no afligir más a vuestro
Hijo con la culpa y a reparar los pecados con la mortificación y la penitencia.
Dadnos la gracia de un sincero dolor de los pecados cometidos y la resolución
generosa de reparar con obras de penitencia y mortificación todas las ofensas
que se infieren a vuestro Divino Hijo y a vuestro Corazón Inmaculado.
Segundo día: Santidad de vida
¡Oh Santísima Virgen María, Madre de la divina gracia!, que
vestida de nívea blancura te apareciste a unos pastorcitos sencillos e inocentes,
enseñándonos así cuánto debemos amar y procurar la inocencia del alma, y que
pediste por medio de ellos la enmienda de las costumbres y la santidad de una
vida cristiana perfecta. Concédenos misericordiosamente la gracia de saber
apreciar la dignidad de nuestra condición de cristianos y de llevar una vida en
todo conforme a las promesas bautismales.
Tercer día: Amor a la oración
¡Oh Santísima Virgen María, vaso insigne de devoción!, que
te apareciste en Fátima teniendo pendiente de vuestras manos el Santo Rosario,
y que insistentemente repetías: «Orad, orad mucho», para alejar por medio de la
oración los males que nos amenazan. Concédenos el don y el espíritu de oración,
la gracia de ser fieles en el cumplimiento del gran precepto de orar, haciéndolo
todos los días, para así poder observar bien los santos mandamientos, vencer
las tentaciones y llegar al conocimiento y amor de Jesucristo en esta vida y a
la unión feliz con Él en la otra.
Cuarto día: Amor a la Iglesia
¡Oh Santísima Virgen María, Reina de la Iglesia!, que
exhortaste a los pastorcitos de Fátima a rogar por el Papa, e infundiste en sus
almas sencillas una gran veneración y amor hacia él, como Vicario de vuestro
Hijo y su representante en la tierra. Infunde también a nosotros el espíritu de
veneración y docilidad hacia la autoridad del Romano Pontífice, de adhesión
inquebrantable a sus enseñanzas, y en él y con él un gran amor y respeto a
todos los ministros de la Santa Iglesia, por medio de los cuales participamos
la vida de la gracia en los sacramentos.
Quinto día: María, salud de los enfermos
¡Oh Santísima Virgen María, salud de los enfermos y
consoladora de los afligidos!, que movida por el ruego de los pastorcitos,
obraste ya curaciones en vuestras apariciones en Fátima, y habéis convertido
este lugar, santificado por vuestra presencia, en oficina de vuestras
misericordias maternales en favor de todos los afligidos. A vuestro Corazón
maternal acudimos llenos de filial confianza, mostrando las enfermedades de
nuestras almas y las aflicciones y dolencias todas de nuestra vida. Echad sobre
ellas una mirada de compasión y remediadlas con la ternura de vuestras manos,
para que así podamos serviros y amaros con todo nuestro corazón y con todo
nuestro ser.
Sexto día: María, refugio de los pecadores
¡Oh Santísima Virgen María, refugio de los pecadores!, que
enseñaste a los pastorcitos de Fátima a rogar incesantemente al Señor para que
esos desgraciados no caigan en las penas eternas del infierno, y que
manifestaste a uno de los tres que los pecados de la carne son los que más
almas arrastran a aquellas terribles llamas. Infundid en nuestras almas un gran
horror al pecado y el temor santo de la justicia divina, y al mismo tiempo
despertad en ellas la compasión por la suerte de los pobres pecadores y un
santo celo para trabajar con nuestras oraciones, ejemplos y palabras por su
conversión.
Sétimo día: María, alivio de las almas del purgatorio
¡Oh Santísima Virgen María, Reina del purgatorio!, que
enseñaste a los pastorcitos de Fátima a rogar a Dios por las almas del
purgatorio, especialmente por las más abandonadas. Encomendamos a la inagotable
ternura de vuestro maternal Corazón todas las almas que padecen en aquel lugar
de purificación, en particular las de todos nuestros allegados y familiares y
las más abandonadas y necesitadas; alíviales sus penas y llévalas pronto a la
región de la luz y de la paz, para cantar allí perpetuamente vuestras misericordias.
Octavo día: María, Reina del Rosario
¡Oh Santísima Virgen María, que en vuestra última aparición
te diste a conocer como la Reina del Santísimo Rosario!, y en todas ellas
recomendaste el rezo de esta devoción como el remedio más seguro y eficaz para
todos los males y calamidades que nos afligen, tanto del alma como del cuerpo,
así públicas como privadas. Infundid en nuestras almas una profunda estima de
los misterios de nuestra Redención que se conmemoran en el rezo del Rosario,
para así vivir siempre de sus frutos. Concédenos la gracia de ser siempre
fieles a la práctica de rezarlo diariamente para honraros a Vos, acompañando
vuestros gozos, dolores y glorias, y así merecer vuestra maternal protección y
asistencia en todos los momentos de la vida, pero especialmente en la hora de
la muerte.
Noveno y último día: El Inmaculado Corazón de María
¡Oh Santísima Virgen María, Madre nuestra dulcísima!, que
escogiste a los pastorcitos de Fátima para mostrar al mundo las ternuras de
vuestro Corazón misericordioso, y les propusiste la devoción al mismo como el
medio con el cual Dios quiere dar la paz al mundo, como el camino para llevar
las almas a Dios, y como una prenda suprema de salvación. Haced, ¡oh Corazón de
la más tierna de las madres!, que sepamos comprender vuestro mensaje de amor y
de misericordia, que lo abracemos con filial adhesión y que lo practiquemos
siempre con fervor; y así sea vuestro Corazón nuestro refugio, nuestro consuelo
y el camino que nos conduzca al amor y a la unión con vuestro Hijo Jesús
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