miércoles, 6 de mayo de 2020

MES DE MAYO… MES DE MARÍA. DÍA PRIMERO.


   S. S. el Papa Pío VII concedió, el 21de marzo de 1885, y el 18 de junio de 1822, 300 días de indulgencia por cada día a todos los fieles del mundo católico que pública o privadamente honraren en el mes de mayo, a la Virgen Santísima con particulares obsequios, devotas oraciones u otros actos. Indulgencia plenaria por una vez, en el referido mes, en uno de los primeros ocho días de junio el día en que, confesados y comulgados, rogaren al Señor por la Santa Iglesia y demás intenciones de su Santidad.


MODO DE CELEBRAR EL PIADOSO EJERCICIO


Si es posible, se reza la tercera parte del Santo Rosario, con misterios cantados. Después de la Salve.

Por la señal. . .

Acto de contrición. . .

Oración Preparatoria


   Estamos a tus plantas, ¡oh dulce Madre Nuestra! Venimos a admirar tu excelsa dignidad y tus privilegios; a ensalzar tu nombre mil veces bendecido: a estudiar tus virtudes incomparables para alabar a Dios que te llenó de gracias y pedirte tu ayuda misericordiosa a fin de imitarte.

   Queremos recrearnos en tu grandeza, en tu hermosura, regocijarnos en tus bondades, quedar más y más embriagados de tu dulzura y de tu amor.

   Somos indignos de estar en tu presencia; pero eres buena y perdonarás nuestro atrevimiento.

   Si el pecado nos impide llegar hasta tí, aborrecemos el pecado con todo nuestro corazón y lo detestamos con todas nuestras fuerzas.

   Ilumina, purifica, enciende, consuela nuestras almas.

   Tuyas son, te pertenecen, te aclaman y quieren amarte durante toda la eternidad.

   Muéstranos tu vida angelical, tus virtudes, tus excelencias y tus bondades.

   ¡Oh augusta Madre de Dios!, te alabamos, te bendecimos y te glorificamos.

   ¡Oh Madre tierna de los hombres! te suplicamos nos consigas el remedio de todas nuestras necesidades, la gracia santificante y la perseverancia final.

   Queremos vivir sirviéndote, morir amándote y estar en la eternidad cantando en tu comparsa las misericordias del Señor. Amén


DÍA PRIMERO (1º de Mayo).
MEDITACIÓN. —MARÍA PREDESTINADA.

Punto primero. —Dios predestinó a María desde la eternidad para que fuese Madre verdadera de Jesucristo, y por tanto, Reina del cielo y de la tierra, y Madre y abogada de los pecadores. (Breve pausa).

Punto segundo. —Dios concedió a la Virgen gracias especiales y exclusivas que a nadie concedió. La Virgen agradeció ése raudal inmenso de dones y correspondió al Señor integralmente como nadie ha correspondido. (Breve Pausa).

Punto tercero. —Admira los carismas del cielo, la fidelidad de María. Pídele que corresponda a tu alta vocación de cristiano. (Breve pausa).

Fruto. —Dejarse llevar por la divina Providencia.


Aspiración. — ¡Oh Madre mía!, quiero seguir tus huellas hacia la eternidad.

ORACIÓN:

¡Oh Reina incomparable de los cielos, qué bella eres! Cantan tu hermosura los bienaventurados, se extasían los serafines contemplándote, y toda la Jerusalén celestial está absorta ante tu faz inmaculada.

   Hasta la tierra sombría llegan los reflejos de tu gloria, y repercuten acá los himnos que te cantan dulcemente en sus salterios de amor los querubines del Empíreo.

   Por eso los hombres nos consolamos al verte. Eres símbolo de victoria, esperanza para los que militamos en las falanges de Jesús, guía de los desterrados, imán y consuelo para tus devotos.

   Tu imagen milagrosa cautiva y encanta. Grábala, ¡oh Madre mía!, en mi corazón. La quiero tener siempre esculpida; pero rodeada de ángeles que me defiendan y santifiquen, de ángeles que me infundan virtud, fortaleza y que moren en mi compañía.

   Has sido en este santuario Reina de los corazones.

   A cuántos has convertido, a cuántos has perfeccionado y hecho volar por los senderos de la santidad.

   Son incontables los que, al invocar, tu nombre y rendirse ante esta imagen taumaturga, han recibido consuelo y protección.

   Testimonios mil de tu ternura maternal han dejado aquí los que, agradecidos, nunca te olvidarán.

   Dios se compadece al derramar, por tu mediación, torrentes de gracia a los que te invocan.

   Animado de confianza filial, vengo; a ti ¡oh Emperatriz de los ángeles!, a tí recurro afligido y pesaroso.

   Mírame con ojos de misericordia, alivia mis pesares, aquieta mi conciencia, dulcifica las congojas de mi espíritu.

   Si soy pecador, eres tú mi madre bondadosa; si soy miserable, eres rica y clemente; si nada valgo, eres tú soberana de los cielos.

   Ayuda, pues, ¡oh Madre!, al pobre que te aclama, extiende tu manto protector a mi hogar y ampara a los seres que me son queridos.

   Tuyos son, te los entrego, no los desprecies; tuyos seremos en la vida y en la muerte, en el tiempo y en la eternidad.

   Consíguenos esta gracia ante tu Hijo Divino que, con el Padre y el Espíritu Santo vive en unidad perfecta por los siglos de los siglos. Amén.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

   Acuérdate ¡oh piadosísima Virgen María! que jamás se ha oído decir, que alguno de los que han acudido a tu protección, implorado tu auxilio y pedido tu socorro, haya sido abandonado. Animado con esta confianza a tí también acudo, ¡oh Virgen de las Vírgenes!, y aunque gimiendo bajo el peso de nuestros pecados, me atrevo a aparecer ante tu presencia soberana, no deseches mis súplicas, antes bien escúchalas y acógelas benignamente. Amén.

Lectura. —Origen del Rosario.
   Perversas herejías contristaban a fines del siglo XII y a principios del XIII, a la Iglesia Católica.
   Los albigenses, unidos a los enriquianos, petrobrucianos, arnoldianos, patarines, pifros, pasagianos, waldenses y perfectos, formaban satánica coalición contra la Esposa de Jesucristo. Resucitando los errores de Cerinto, Elvidio y Arrio, propagaban doctrinas no sólo contra la fe, sino contra las costumbres y principios sociales.
   Los Pontífices y Obispos, las Órdenes religiosas y los nobles, los escritores y el clero lucharon enérgicamente a fin de librar a la colectividad, de tan tremenda plaga.
   Uno de los medios más eficaces para conjurar el mal, fue el Rosario que Santo Domingo y sus apostólicos compañeros predicaron con fervor.
   Esa práctica bendita, esa devoción tan tierna, hizo triunfar a los buenos que veían casi inútiles todos los demás esfuerzos sobrehumanos.
   Desde entonces, la benemérita orden Dominicana popularizó en el orbe cristiano el Rosario.
   Se cuentan revelaciones prodigiosas y especialísimos favores de la Virgen María, Madre de Dios, en pro de los creyentes devotos de esa institución.
   Hechos trascendentales confirmaron la fe piadosa de los ortodoxos en el Rosario y dieron a éste la más alta aprobación eclesiástica.

MES DE MAYO… MES DE MARÍA. DÍA TERCERO.

    S. S. el Papa Pío VII concedió, el 21de marzo de 1885, y el 18 de junio de 1822, 300 días de indulgencia por cada día a todos los fieles del mundo católico que pública o privadamente honraren en el mes de mayo, a la Virgen Santísima con particulares obsequios, devotas oraciones u otros actos. Indulgencia plenaria por una vez, en el referido mes, en uno de los primeros ocho días de junio el día en que, confesados y comulgados, rogaren al Señor por la Santa Iglesia y demás intenciones de su Santidad.

MODO DE CELEBRAR EL PIADOSO EJERCICIO


Si es posible, se reza la tercera parte del Santo Rosario, con misterios cantados. Después de la Salve.

Por la señal. . .

Acto de contrición. . .

Oración Preparatoria

   Estamos a tus plantas, ¡oh dulce Madre Nuestra! Venimos a admirar tu excelsa dignidad y tus privilegios; a ensalzar tu nombre mil veces bendecido: a estudiar tus virtudes incomparables para alabar a Dios que te llenó de gracias y pedirte tu ayuda misericordiosa a fin de imitarte.

   Queremos recrearnos en tu grandeza, en tu hermosura, regocijarnos en tus bondades, quedar más y más embriagados de tu dulzura y de tu amor.

   Somos indignos de estar en tu presencia; pero eres buena y perdonarás nuestro atrevimiento.

   Si el pecado nos impide llegar hasta tí, aborrecemos el pecado con todo nuestro corazón y lo detestamos con todas nuestras fuerzas.

   Ilumina, purifica, enciende, consuela nuestras almas.

   Tuyas son, te pertenecen, te aclaman y quieren amarte durante toda la eternidad.

   Muéstranos tu vida angelical, tus virtudes, tus excelencias y tus bondades.

   ¡Oh augusta Madre de Dios!, te alabamos, te bendecimos y te glorificamos.

   ¡Oh Madre tierna de los hombres! te suplicamos nos consigas el remedio de todas nuestras necesidades, la gracia santificante y la perseverancia final.

   Queremos vivir sirviéndote, morir amándote y estar en la eternidad cantando en tu comparsa las misericordias del Señor. Amén.

DÍA TRES (3 de mayo)

Oración Preparatoria.

MEDITACIÓN. —MARÍA Y LOS PROFETAS.
Punto primero. —Además de las figuras y promesas hay vaticinios en honor de la Virgen. Los hagiógrafos inspirados que leían el futuro vaticinaron la dignidad, las virtudes y la misericordia de María. (Breve pausa).
Punto segundo. —Son profecías claras, expresas, indubitables, anunciadas en épocas distintas. Se realizaron en tiempo oportuno y demuestran la excelsitud de María. (Breve pausa).
Punto tercero. —Dios se ocupó de la Virgen, ¿le rindes tú homenajes de admiración y de amor? ¿Le consagras tu porvenir? ¿Confías en ella? (Breve pausa).

Fruto. —Propagar las glorias de María.
Aspiración. —Reina de los profetas: descúbrenos la corona que circuirá la sien de los bienaventurados.
LECTURA. —MILITARES DEVOTOS DEL ROSARIO.
   Los georgianos y los pueblos de Italia fabricaron también coronas, con tan poco gasto como los escoceses, empleando para ello los cuescos de cinamono que los italianos llaman todavía l'albero dei paternostri, el árbol de los padrenuestros. Clemente Paoli de Córcega, hacía rezar de rodillas el rosario a sus soldados antes de combatir. Algunos ingleses, admirados de tal costumbre, le hicieron observar en algunos encuentros que el enemigo marchaba hacia ellos, y que sus soldados arrodillados no podrían defenderse. “Dejadlos orar, señores” respondía Paoli con su voz marcial inacentuada. Concluida la oración se levantaban los corsos como leones, y ni uno solo volvía el pie atrás, porque “los soldados que oran no saben huir.”

ORACIÓN

   Eres ¡oh María! Hija predilecta del Padre, Augusta Madre del Hijo y Esposa amorosísima del Espíritu Santo. Ninguna criatura tiene con Dios relaciones más íntimas, nobles y santas que tú.
   El Padre te comunicó el poder; el Hijo, la sabiduría; el Paráclito divino, la bondad; y las tres soberanas Personas te ensalzan y te glorifican en el Cielo nombrándote Reina de todo lo creado.
  . . . El arcángel Gabriel, cuando te anunció el misterio de la Encarnación, lo hizo prosternado y reverente ante tus excelencias saludándote con el Ave inmortal y glorioso que la Iglesia repite y resonará en los ámbitos del mundo con inefable armonía.
   Yo parodio con veneración ese saludo, repito también el saludo de la Trinidad, y quiero honrarte en la dulcísima advocación de las “Tres Ave Marías” en todos los templos en donde así te veneren tus devotos.
   Alcánzame, ¡oh Madre mía! la gracia de Dios, la perseverancia final y el remedio de todas mis necesidades.
   Quiero saludarte desde mi destierro, con el Ave María, para cantarte en la eternidad el himno de perpetua glorificación por los siglos de los siglos. Amén.

—Rezar una Salve.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

   Acuérdate ¡oh piadosísima Virgen María! que jamás se ha oído decir, que alguno de los que han acudido a tu protección, implorado tu auxilio y pedido tu socorro, haya sido abandonado. Animado con esta confianza a tí también acudo, ¡oh Virgen de las Vírgenes!, y aunque gimiendo bajo el peso de nuestros pecados, me atrevo a aparecer ante tu presencia soberana, no deseches mis súplicas, antes bien escúchalas y acógelas benignamente. Amén.

MES DE MARÍA

MES DE MAYO… MES DE MARÍA. DÍA SEGUNDO.
S. S. el Papa Pío VII concedió, el 21 de marzo de 1885, y el 18 de junio de 1822, 300 días de indulgencia por cada día a todos los fieles del mundo católico que pública o privadamente honraren en el mes de mayo, a la Virgen Santísima con particulares obsequios, devotas oraciones u otros actos. Indulgencia plenaria por una vez, en el referido mes, en uno de los primeros ocho días de junio el día en que, confesados y comulgados, rogaren al Señor por la Santa Iglesia y demás intenciones de su Santidad.

MODO DE CELEBRAR EL PIADOSO EJERCICIO

Si es posible, se reza la tercera parte del Santo Rosario, con misterios cantados. Después de la Salve.

Por la señal. . .
Acto de contrición. . .

Oración Preparatoria

   Estamos a tus plantas, ¡oh dulce Madre Nuestra! Venimos a admirar tu excelsa dignidad y tus privilegios; a ensalzar tu nombre mil veces bendecido: a estudiar tus virtudes incomparables para alabar a Dios que te llenó de gracias y pedirte tu ayuda misericordiosa a fin de imitarte.

   Queremos recrearnos en tu grandeza, en tu hermosura, regocijarnos en tus bondades, quedar más y más embriagados de tu dulzura y de tu amor.

   Somos indignos de estar en tu presencia; pero eres buena y perdonarás nuestro atrevimiento.

   Si el pecado nos impide llegar hasta tí, aborrecemos el pecado con todo nuestro corazón y lo detestamos con todas nuestras fuerzas.

   Ilumina, purifica, enciende, consuela nuestras almas.

   Tuyas son, te pertenecen, te aclaman y quieren amarte durante toda la eternidad.

   Muéstranos tu vida angelical, tus virtudes, tus excelencias y tus bondades.

   ¡Oh augusta Madre de Dios!, te alabamos, te bendecimos y te glorificamos.

   ¡Oh Madre tierna de los hombres! te suplicamos nos consigas el remedio de todas nuestras necesidades, la gracia santificante y la perseverancia final.

   Queremos vivir sirviéndote, morir amándote y estar en la eternidad cantando en tu comparsa las misericordias del Señor. Amén.

DÍA DOS (2 de mayo).

Por la señal. Acto de Contrición.

Oración Preparatoria.

MEDITACIÓN. —MARÍA Y LOS PATRIARCAS.

Punto primero. —Dios prometió, después de caer en el pecado el primer hombre, que de una Virgen Inmaculada nacería el Redentor del mundo. Promesa solemne, trascendental y consoladora que revela la misericordia del Señor. (Breve pausa).

Punto segundo. —Por eso, la figura excelsa de María se esboza en todo el antiguo Testamento, ocupa las páginas de la Biblia, es la personalidad que al lado de Jesucristo atrae todas las miradas. (Breve pausa).

Punto tercero. —¿Has suspirado, como los Patriarcas, por ver el rostro hermosísimo de la Virgen? ¿La honras como la primera entre las criaturas? (Breve pausa).

Fruto. —Alabar las excelencias de María.
Aspiración. —Hija augusta de los patriarcas, deseo que todos te ensalcen y glorifiquen.

Lectura. —El 7 de octubre de 1571, contra lo que se esperaba, las huestes sarracenas fueron destrozadas por 1a flota de valientes que acaudillaban Don Juan de Austria y don Andrés Doria. La batalla de Lepanto fue heroica, los golfos jónicos quedaron empurpurados con la sangre de las víctimas. Los belicosos seguidores del Corán perdieron entonces 30,000 soldados y 300 navíos. Los nuestros quitaron, como botín de guerra, 372 piezas de artillería y lo que era de inmenso valor: 25,000 cautivos cristianos.

   San Pío V fijó, para el 7 de octubre, la festividad del Rosario, que debía solemnizar el mundo católico en agradecimiento de la protección maternal y especialísima de María. Hay una tradición asombrosa de cómo la gran Señora intervino en favor de sus hijos.
   La fiesta del Rosario se instituyó no para conmemorar hechos de armas, sino para agradecer a la siempre Virgen en esta advocación los favores trascendentales que a la Iglesia y a la sociedad dispensara en aquellos difíciles tiempos.

ORACIÓN
   Te llaman todos, oh dulce Madre, Nuestra Señora de la Luz.
   Y en realidad lo eres.
   Hiciste que fulgiera en los cielos la luz indeficiente: el Sol eterno de las almas.
   Te levantas como la aurora esplendida, alumbras los caminos de la verdad y derramas claridades que iluminan los que están sentados en la sombra de la muerte.
   Hermosa, cual la luna en plenitud, recorres horizontes bellísimos, clarificados por la luz argentada de tu sacratísima persona y te elevas, majestuosa, hasta el cénit para arrobar deliciosamente a los que, embelesados, te contemplamos desde las tinieblas de nuestro destierro.
   Brillan tus virtudes con reverberos incomparables y tus méritos alcanzan el sitial fungente de lo divino.
   Ante los ángeles que habitan el reino de la luz y para los hombres, sumergidos en las tinieblas, has sido siempre Reina augusta de la Luz.
   Cuando irradias en la conciencia del pobre mortal, despides fulgores y eres astro fulgente nunca eclipsado.
   Maestra de la verdad, guiadora de las almas, nos señalas el camino recto que conduce a la bienaventuranza.
   Aquí, en este santuario, has ejercido tu altísimo ministerio de alumbrar la mente de tus devotos. En las dudas y vacilaciones, en los errores y extravíos has sido siempre luz poderosa, apacible luz que ilumina y enseña.
   Yo necesito, oh Madre mía, también de luces.
   Mi inteligencia vaga en sombras, se ofusca mi mente en laberintos inextricables y muchas veces no sé qué hacer.
   A tí recurro, Virgen iluminadora, báñame en los santos destellos de tu corazón. Defiéndeme de Satanás que quiere arrojar mi alma a negruras de abismo.
   Líbrame del fuego atroz; extiende tu mano poderosa y no permitas que baje a las tinieblas de la eterna desesperación.
   Te lo pido por tu clemencia sin límites, por tu Hijo sacrosanto que te amó sobre todas las criaturas y que quiso que fueses nuestra medianera
augusta y nuestra amorosísima Madre.
Virgen Santísima de la Luz, ilumina a los pecadores y a los justos, ilumina a los hijos que, ciegos, viven lejos de tí y que, ofuscados, permanecen en la culpa. Ojalá que en el día luminoso de la eterna claridad te veamos fulgente y esplendorosa, llevando en pos de tí una constelación de almas que brillen perpetuamente en los horizontes de la felicidad. Amén.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS


   Acuérdate ¡oh piadosísima Virgen María! que jamás se ha oído decir, que alguno de los que han acudido a tu protección, implorado tu auxilio y pedido tu socorro, haya sido abandonado. Animado con esta confianza a tí también acudo, ¡oh Virgen de las Vírgenes!, y aunque gimiendo bajo el peso de nuestros pecados, me atrevo a aparecer ante tu presencia soberana, no deseches mis súplicas, antes bien escúchalas y acógelas benignamente. Amén.


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