SANTO ROSARIO
MISTERIOS GLORIOSOS.
V. Señor, abre mi labios,R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
V. ¡Señor, ven en mi ayuda!,
R. Y apresúrate a socorrerme.
V. Gloria al Padre...
R. Como era en el principio..
En el Crucifijo del Rosario
SEÑAL DE LA CRUZ
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de Contrición.
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén.
Padrenuestro.
Tres Avemarías
Gloria.
Primer Misterio: La Resurrección del Señor.
Intención por el perdón de nuestros pecados.
Rezamos este misterio por todos los errores que hemos cometido durante la vida, para que podamos superar la oscuridad en que vivimos por el pecado, y que la misericordia de Dios perdone nuestras culpas y podamos renacer en la Fe, la Esperanza y el Amor
En la primera decena recordamos la Resurrección de Jesucristo.
La existencia de la Resurrección del Señor se asienta sobre señales y pruebas históricas de la más auténtica veracidad. Primero, su previsión y anuncio hecho por Jesús, después, una vez realizada la Resurrección, quedó comprobándolo el sepulcro vacío y sobre todo los muchos testigos que le han visto, después de haber resucitado
de entre los muertos: comieron en la mesa con Él, tocaron las llagas de sus manos y costado, convivieron con Él cuarenta días, durante los cuales Jesús resucitado les dio las instrucciones y poderes necesarios para la Iglesia. Tan seguros de esto estaban los Apóstoles y muchos discípulos que dieron la propia vida en defensa de la verdad que afirmaban.
El primer anuncio de la Resurrección una vez ya realizada ésta, fue recibido por las mujeres, que no habiendo podido en la antevíspera embalsamar convenientemente el cuerpo del Señor fueron en la madrugada del domingo a prestarle este último homenaje. El anuncio les fue comunicado por el Ángel que removió la piedra del sepulcro. «Él les dice: “No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado? Ha
resucitado, no está aquí. Mirad el lugar donde lo pusieron. Pero id a decir a sus
discípulos y a Pedro: Él irá delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo”»
(Mc 16, 6-7).
Por lo tanto, Jesucristo resucitó, siendo su Resurrección el principio de nuestra
resurrección: «Quien cree tiene vida eterna (…) y Yo le resucitaré en el último día» (Jn6, 47-54).
Padrenuestro, 10 Avemarías, Gloria Patri
María, Madre de gracia, Madre de misericordia, en la vida y en la muerte, ampáranos gran Señora Amén.
Oh, Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al Cielo, especialmente las más necesitadas. Amén.
Segundo Misterio:
La Ascensión del Señor al Cielo
Intención por la Reparación de nuestras ofensas.
Recemos este misterio con el corazón humilde y arrepentido diciendo: Dios mío, yo creo, adoro , espero y te amo . Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman. De ahora en adelante mi oración y sacrificios te los ofrezco para reparar todas las ofensas que he cometido contra el Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María .
En la segunda decena recordamos la Ascensión de Jesucristo al Cielo.
Después de su Resurrección, Jesucristo permaneció aún cuarenta días con sus
apóstoles y discípulos, durante los cuales convivió y los trató familiarmente y anunció su próxima Ascensión al Cielo. A María Magdalena, una de las mujeres que fueron al sepulcro en la madrugada de la Resurrección, se le apareció el Señor; cuando se lanzó a sus pies, como para detenerle, Jesús le dijo: «No Me toques, porque todavía no he subido al Padre; pero ve a Mis hermanos y diles que subo a Mi Padre y vuestro Padre, a Mi Dios y vuestro Dios» (Jn 20, 17).
El acontecimiento de la Ascensión de Jesús al Cielo es referido por San Marcos con estas palabras: «Así el Señor Jesús, después de hablar con ellos, se elevó al cielo y se sentó a la derecha de Dios» (Mc 16, 19).
Tenemos así bien comprobada la verdad de la Ascensión de Jesucristo al Cielo, y no hay lugar a dudas. Así pues, en ella creemos y como la Iglesia confesamos nuestra fe diciendo: «Resucitó al tercer día y subió a los Cielos» (El Credo o Símbolo de los Apóstoles).
Es en la identificación de nuestra vida con la vida de Cristo como nuestra confianza se afirma y fortalece. Sabemos que por nuestra unión con Cristo y por sus méritos seremos salvos; y que agradaremos al Padre en la medida en que reproduzcamos en
nosotros los sentimientos de su Hijo, Jesucristo, de manera que el Padre vea en nosotros la presencia de su Verbo. Éste es el camino que tenemos que seguir para llegar a ocupar el lugar que Jesús nos tiene preparado en el Cielo.
Padrenuestro, 10 Avemarías, Gloria Patri
María, Madre de gracia, Madre de misericordia, en la vida y en la muerte, ampáranos gran Señora Amén.
Oh, Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al Cielo, especialmente las más necesitadas. Amén.
Tercer Misterio: La Venida del Espíritu Santo
Intención porque las Familias reciban pronto los Sacramentos.
Recemos para que todas las familias del mundo vivamos una vida sacramental, para que así tengamos la alegría de recibir la gracia y bendición que necesitan nuestros corazones.
En la tercera decena, recordamos la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles.
El libro de los Hechos de los Apóstoles nos dice cómo sucedieron los hechos. Después de la Ascensión del Señor al Cielo, los discípulos y los Apóstoles bajaron del Monte de los Olivos y se dirigieron a Jerusalén. «Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. Y sucedió que, de repente, sobrevino del cielo un ruido como de viento huracanado, que invadió toda la casa en la que estaban. Se les aparecieron lenguas como de fuego, que se distribuían y se posaban sobre cada uno de ellos. Y todos se llenaron del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les impulsaba a expresarse» (Hch 2, 1-4).
En el transcurso de la última Cena, Jesucristo habló varias veces del Espíritu Santo, que Él habría de enviar desde el Padre, cuando llegase allá, para enseñarles toda la verdad, cuya amplitud ellos en aquel entonces no estaban suficientemente preparados para captar. Les decía: «Os conviene que me vaya, pues si no me voy, el
Paráclito no vendrá a vosotros; en cambio si me voy, os lo enviaré»
(Jn 16, 7).
En la acción o iniciativa de una de las Personas de la Santísima Trinidad, siempre están las otras dos. Y fue en nombre de la Tres Personas que Jesús envió a los Apóstoles: «Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del
Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19).
Padrenuestro, 10 Avemarías, Gloria Patri
María, Madre de gracia, Madre de misericordia, en la vida y en la muerte, ampáranos gran Señora Amén.
Oh, Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al Cielo, especialmente las más necesitadas. Amén.
Cuarto Misterio: La Asunción de nuestra Señora al Cielo.
En la cuarta decena recordamos la Asunción de María, Madre de Dios, al Cielo.
María Madre de los Sacerdotes, llena a tus hijos con amor maternal y protégelos con tu manto, para que el Espíritu Santo reavive el fuego divino en sus corazones y les de la fuerza para pastorear y buscar sus ovejas, velar por ellas y conducirlas al camino de la verdad y la salvación.
La Iglesia, después de haber estudiado este acontecimiento durante muchos años, iluminada por la asistencia del Espíritu Santo declaró como dogma de fe la «Asunción de María, Madre de Dios, al Cielo en cuerpo y alma».
Preservada del pecado original, después en el momento de su concepción, por
privilegio único de Dios, María fue por Él, exonerada también de la pena que condenó al género humano a la corrupción del sepulcro. «Porque tú eres polvo y en polvo te has de convertir» (Gn 3,19).
Dios había creado al hombre teniendo por destino la vida eterna: no podía dejarlo para siempre en la muerte del pecado y en el polvo de la tierra. Pensó, entonces, en María, una humilde hija de la raza humana, pero por los singulares privilegios de que Dios la revistió, elevada sobre cualquier otra criatura, libre de la mancha del pecado original; pensó en María pura e inmaculada, para de Ella asumir la naturaleza humana en orden a realizar la obra de nuestra Redención. Es que Dios no podía tomar
para Sí y unir a su naturaleza divina una naturaleza humana manchada por el pecado.
En el libro del Génesis Dios le dice al demonio: «Haré reinar la enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la de ella» (Gn 3, 15). Esta mujer, predestinada por
Dios para dar a Cristo la naturaleza humana y ser con Él la corredentora del género humano no podía quedar en la sombra de la muerte, por no haber incurrido en la sentencia de culpa. Así María es la primicia de la Redención operada por Cristo; y por los méritos de Cristo ella fue elevada al cielo en cuerpo y alma, en donde vive y reina
en Dios con el Hijo suyo y del eterno Padre.
En verdad su Hijo Jesús, Dios y hombre verdadero, es el manantial de la vida, por el cual todos nosotros habremos de resucitar un día, porque Dios nos creó para la vida y no podía dejarnos en la sombra de la muerte.
Padrenuestro, 10 Avemarías, Gloria Patri
María, Madre de gracia, Madre de misericordia, en la vida y en la muerte, ampáranos gran Señora Amén.
Oh, Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al Cielo, especialmente las más necesitadas. Amén.
Quinto Misterio: La Coronación de la Virgen María como Reina y Señora de todo lo creado.
Intención por el fin de la pandemia, por los moribundos y fallecidos.
Madre de Dios y Madre nuestra, te rogamos para que intercedas ante tu hijo por el fin de la pandemia, por las almas de los que han fallecido y por los que la están padeciendo. Madre Santísima en este valle de lágrimas que estamos viviendo, acompáñanos siempre y brilla en nuestro camino como signo de salvación y esperanza que nos conduce hasta Dios.
En la quinta decena recordamos la coronación de Nuestra Señora en el Cielo, como Reina de los Ángeles y de los Santos.
Cuando el Ángel anunció a María la Encarnación del Verbo divino le dijo: «Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Éste será grande: se llamará Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará eternamente sobre la casa de Jacob y su reino no tendrá fin» (Lc 1, 31-33). Dios es el único Rey eterno; el Hijo se hace hombre y nace para reabrir a la humanidad el acceso del Reino eterno de Dios: «Yo soy Rey. Yo para esto nací y para eso vine al mundo» (Jn18,37), y su reinado no tendrá fin.
Al engendrar al Hijo del Altísimo, Rey eterno con el Padre y el Espíritu Santo, María es verdadera Madre de Dios y esposa del Espíritu Santo, habiendo concebido por Su intervención. Así María, en su calidad de Madre de Dios y esposa del Espíritu Santo es, casi diríamos por derecho, Reina. Dios no podía, pues, dejar de elevarla al Cielo en cuerpo y alma, habiendo sido coronada como Reina de los Ángeles y de los Santos.
En el Apocalipsis, San Juan nos dice que vio, en el Cielo, «una mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas» (Ap 12, 1).
Nosotros creemos que María es esta mujer coronada por Dios. Con toda la Iglesia, la veneramos y proclamamos ¡Reina del Cielo y de la Tierra! Diariamente, la saludamos,invocamos y cantamos estas palabras «¡Dios te salve Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve!».
Padrenuestro, 10 Avemarías, Gloria Patri
María, Madre de gracia, Madre de misericordia, en la vida y en la muerte, ampáranos gran Señora Amén.
Oh, Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al Cielo, especialmente las más necesitadas. Amén.
Tres Ave María en honra de la Santísima Virgen María y por el Santo Padre
para alcanzar la indulgencia plenaria.
SALUTACIONES A LA VIRGEN MARÍA
1. Dios te Salve María Santísima, poderosísima Hija de Dios Padre, Virgen purísima antes del parto, en tus manos, Señora, ponemos nuestra fe para que la ilumines. Alcánzanos, Madre nuestra, pureza en los pensamientos, llena eres de gracia..."
2. Dios te Salve María Santísima, amantísima Madre de Dios Hijo, Virgen Purísima en el parto, en tus manos, Señora, ponemos nuestra esperanza para que la alientes. Alcánzanos, Madre nuestra, pureza en las palabras, llena eres de gracia..."
3. Dios te Salve María Santísima, castísima Esposa de Dios Espíritu Santo, Virgen Purísima después del parto, en tus manos, Señora, ponemos nuestra caridad para que la inflames, nuestras almas para que las salves y todas nuestras necesidades para que las remedies. Alcánzanos, Madre nuestra, pureza en las obras, llena eres de gracia..."
Dios te Salve, María Santísima, Templo, Trono y Sagrario de la Santísima Trinidad, Virgen concebida sin la culpa Original. Alcánzanos, Madre nuestra, la perseverancia final. No nos dejes vivir, ni mucho menos morir en pecado mortal.
ACCIÓN DE GRACIAS
Infinitas gracias os damos Soberana Princesa, por los favores que recibimos de vuestras generosas manos, dignaos Señora, tenernos ahora y siempre, bajo vuestra protección y amparo y para más agradaros, os saludamos con una Salve...
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las divinas gracias y promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
Letanía al Inmaculado Corazón de María
1.Señor, ten piedad...
2.Cristo, ten piedad...
3.Señor, ten piedad...
4.Cristo, óyenos.
5.Cristo, escúchanos
6.Dios Padre celestial,
Ten misericordia de nosotros.
7.Dios Hijo Redentor del mundo,
Ten misericordia de nosotros.
8.Dios Espíritu Santo,
Ten misericordia de nosotros.
9.Santa Trinidad, un solo Dios,
Ten misericordia de nosotros.
(La respuesta será : ruega por nosotros)
10.Santa María, Corazón Inmaculado de María,
11.Corazón de María, lleno de gracia
12.Corazón de María, vaso del amor más puro
13.Corazón de María, consagrado íntegro a Dios
14.Corazón de María, preservado de todo pecado
15.Corazón de María, morada de la Santísima Trinidad
16.Corazón de María, delicia del Padre en la Creación
17.Corazón de María, instrumento del Hijo en la Redención
18.Corazón de María, la esposa del Espíritu Santo
19.Corazón de María, abismo y prodigio de humildad
20.Corazón de María, medianero de todas las gracias
21.Corazón de María, latiendo al unísono con el Corazón de Jesús
22.Corazón de María, gozando siempre de la visión beatífica
23.Corazón de María, holocausto del amor divino
24.Corazón de María, abogado ante la justicia divina
25.Corazón de María, traspasado de una espada
26.Corazón de María, coronado de espinas por nuestros pecados
27.Corazón de María, agonizando en la Pasión de tu Hijo
28.Corazón de María, exultando en la resurrección de tu Hijo
29.Corazón de María, triunfando eternamente con Jesús
30.Corazón de María, fortaleza de los cristianos
31.Corazón de María, refugio de los perseguidos
32.Corazón de María, esperanza de los pecadores
33.Corazón de María, consuelo de los moribundos
34.Corazón de María, alivio de los que sufren
35.Corazón de María, lazo de unión con Cristo
36.Corazón de María, camino seguro al Cielo
37.Corazón de María, prenda de paz y santidad
38.Corazón de María, vencedora de las herejías
39.Corazón de María, de la Reina de Cielos y Tierra
40.Corazón de María, de la Madre de Dios y de la Iglesia
41.Corazón de María, que por fin triunfarás
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
Perdónanos Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
Escúchanos Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
Ten misericordia de nosotros.
V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios
R. Para que seamos dignos de alcanzar la promesas de Nuestro Señor Jesucristo
Oremos
Tú que nos has preparado en el Corazón Inmaculado de María una digna morada de tu Hijo Jesucristo, concédenos la gracia de vivir siempre conformes a sus enseñanzas y de cumplir sus deseos. Por Cristo tu Hijo, Nuestro Señor. Amén.
AUGUSTA REINA DE LOS CIELOS
¡Augusta Reina de los Cielos y Maestra de los Ángeles!
Vos que habéis recibido de Dios el poder de aplastar la cabeza del dragón infernal, os pedimos humildemente que enviéis las legiones celestiales para qué bajo vuestras órdenes, persigan a los espíritus malignos, los combatan por todas partes, repriman su audacia y los precipiten al abismo.
¿Quién como Dios? - ¡Nadie como Dios!
¡Oh Buena y cariñosa Madre! Vos seréis siempre nuestro amor y nuestra esperanza.
¡Oh divina Madre!, enviad los Santos Ángeles para defendernos y rechazar muy lejos de nosotros el cruel enemigo.
V. Santos Ángeles y Arcángeles,
R. defendednos y guardadnos.
ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL
“San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén. ”
Finalizamos este santo rosario, bañándonos con la sangre preciosa de nuestro Señor Jesucristo:
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
CONSAGRACION DE SI MISMO A JESUCRISTO POR MEDIO DE MARIA
SANTISIMA Y SAN JOSE (SAN LUIS MARIA GRIGNION DE MONTFORT)
PETICION DE INTERCESION A SAN JOSE PARA MI CONSAGRACION
Oh, ¡San José!, tu! que fuiste quien más cercano vivió! a María y Jesús, y que tu
protección es tan grande, tan fuerte y tan inmediata ante el trono de Dios, a ti
confío todas mis intenciones y deseos de consagrarme a Jesús por medio de María.
Ayúdame, ¡San José!, con tu poderosa intercesión, a obtener todas las bendiciones espirituales de tu Hijo adoptivo, Jesucristo Nuestro Señor, y de tu esposa la Santísima Virgen María, a quienes protegiste, alimentaste, cuidaste y acompañaste mientras viviste con Ellos, de modo que, al confiarme, ¡aquí! en la tierra, a tu poder
celestial, te tribute yo mi agradecimiento y homenaje.
Oh, ¡San José!, nunca me cansare! de contemplarte con el Divino Niño Jesús
durmiendo en tus brazos. No me atrevo a acercarme cuando El descansa junto a tu corazón. ¡Así! ¡que abrázale en mi nombre, besa por mí! su delicado rostro y pídele que me devuelva ese beso cuando yo exhale mi último suspiro.
¡San José!, ruega por mí! y que esta Consagración que hago a Jesús por medio de María se imprima en mi corazón transformándolo; protégeme con perpetuo patrocinio, para que, a ejemplo tuyo y sostenido(a) por tu auxilio, pueda santamente vivir, piadosamente morir y alcanzar la eterna bienaventuranza en el cielo. Amen.
CONSAGRACION DE SI MISMO(A) A JESUCRISTO POR MARIA SANTISIMA Y SAN JOSE!
¡Oh, Sagrado Corazón de Jesús!, verdadero Dios y verdadero hombre, Hijo único del Padre Eterno y de María, siempre Virgen! Te adoro en la gloria del Padre,durante la eternidad y en el seno virginal de María, tu Madre, en el tiempo de tu Encarnación.
Te doy gracias porque, anonadándote, has venido al mundo, hombre entre los
hombres y servidor del Padre, para librarme de la esclavitud del pecado.
Te alabo y glorifico Señor, porque has vivido en obediencia amorosa a María, para hacerme fiel discípulo(a) suyo(a). Desgraciadamente, no he guardado los votos y promesas de mi bautismo y no soy digno(a) de llamarme hijo(a) de Dios. Por ello,acudo a la misericordiosa intercesión de tu Madre esperando obtener por su ayuda el perdón de mis pecados y una continua comunión contigo, Oh, Sagrado Corazón de Jesús.
Te saludo pues, oh María Inmaculada, templo viviente de Dios: en ti ha puesto su morada la Sabiduría Eterna para recibir la adoración de los ángeles y de los hombres. Te saludo, oh Reina del cielo y de la tierra: a ti están sometidas todas las criaturas. Te saludo, refugio seguro de los pecadores: todos experimentan tu gran misericordia. Acepta los anhelos que tengo de la Divina Sabiduría y mi consagración total.
Yo, _____________________ consciente de mi vocación cristiana, renuevo hoy en tus manos mis compromisos bautismales. Renuncio a satanás, a sus seducciones, a
sus pompas y a sus obras, y me consagro a Jesucristo para llevar mi cruz detrás de Él, en la fidelidad de cada día a la voluntad del Padre. En presencia de toda la corte celestial, te elijo en este día por mi Madre y Maestra. Me entrego y consagro a
ti, como tu esclavo(a), mi cuerpo y mi alma, mis posesiones tanto internas como externas, incluso el valor de todas mis buenas acciones, pasadas, presentes y futuras, dejando en ti, entero y completo derecho de disponer de mí!, y todo lo que me pertenece, sin excepción, de acuerdo a tu voluntad, para mayor gloria de Dios en el tiempo y en la eternidad. Madre del Señor, acepta esta pequeña ofrenda de mi vida y preséntala a tu Hijo; ¡si El me redimió!!con tu colaboración, debe también ahora recibir de tu mano, el don total de mí! mismo(a). En adelante, deseo honrarte y obedecerte en todo como verdadero(a) esclavo(a) tuyo(a).
¡Oh, Corazón Inmaculado de María!, que yo viva plenamente esta consagración para prolongar en mí! la amorosa obediencia de tu Hijo y dar respuesta a la misión trascendental que Dios te ha confiado en la historia de la salvación. ¡Madre de misericordia!, alcánzame la verdadera Sabiduría de Dios, y hazme plenamente disponible a tu acción maternal. ¡Colócame así!, entre los que tú! amas, enseñas,
guías, alimentas y proteges como hijos tuyos. ¡Oh, Virgen fiel!, haz de mí un(a) autentico(a) discípulo(a) e imitador(a) de tu Hijo, el Sagrado Corazón de Jesús.
Contigo, Madre y modelo de mi vida, ¡llegare! a la perfecta madurez de Jesucristo en la tierra y a la gloria del cielo. Amen.
¡Totus Tuus!
13 de mayo de 2020.
Celebración del 103 aniversario de las apariciones de la Santísima Virgen María en Fátima, Portugal.
FUENTES DE MEDITACIONES DEL ROSARIO:
El Rosario con Sor Lucía
Carmelo de Coimbra
Ediciones Carmelo

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